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Estudiar Medicina supuso un gran esfuerzo y muchas horas de biblioteca, así que lo primero que fui es "Estudiante". Después empecé a trabajar y fui "medico", pero con minúsculas... aquello no era lo que yo pensaba y había demasiados obstáculos para ejercer una de mis pasiones. Vinieron los niños y fui "MADRE", en mayúsculas y a tiempo completo; en aquel momento no había sitio para nada mas. Menos mal que mi compañero sacó a la "Compañera de vida" que había en mí y poco a poco fue encontrando su hueco entre la "Madre", que empezó a ceder espacio, y el "Médico" que volvía a intentarlo. Ahora, en la treintena soy muchas cosas y todas a la vez: madre, compañera de vida, médico, amiga, cocinera, pianista, lectora... así que aún sigo buscando mi sitio.

domingo, 31 de enero de 2016

De museos con los niños: Retrospectiva de Kandinsky

Hace unas semanas estuvimos en esta exposición, una Retrospectiva sobre Kandinsky, y la verdad que nos gustó mucho.



La primera vez que vi un cuadro de Kandisnky fue en la biblioteca de Derecho, donde pasé muchas horas en mi época universitaria. Tenían varias láminas suyas a la entrada de la biblioteca, y esos cuadros me han acompañado durante muchos años. Así que cuando hace unos días vi anunciado en un autobús esta exposición, se me abrió una ventanita al pasado.


Fuimos con los niños, que ya tienen casi 10 y 8 años, y les gustó mucho, especialmente a Eduardo, mi pequeño artista, que se paró en todos los cuadros. Con la entrada de la exposición tienes audioguias que van explicando las distintas etapas en la pintura de Kandisnky y los elementos de algunos de sus cuadros. Y esto mismo, lo tienen adaptado para los niños. Así que los dos peques se entusiasmaron con ir buscando los cuadros que tenían entrada en la audioguia.




La exposición estará en Madrid en el Centro Cibeles, el antiguo edificio de Correos, hasta el 28 de Febrero, y merece mucho la pena.



lunes, 24 de agosto de 2015

Cantabria con niños: Fontibre y el nacimiento del río Ebro

Desde hace ya varios años reservamos unos días de las vacaciones para poner rumbo al Norte. Y es que he descubierto que tengo debilidad por las provincias del Cantábrico y si no vamos al menos cuatro o cinco días es como si no hubiésemos tenido vacaciones de verano.

Este año tocó Cantabria y de camino hicimos una parada en Fontibre. Éste es un pueblecito cerca de Reinosa al que se llega fácilmente desde la A-67.



Una vez que llegamos al pueblo aparcamos sin problema y seguimos las indicaciones al "Nacimiento río Ebro". En algunos sitios encontré que lo describían como una parada dentro de alguna de las rutas que se pueden hacer por la zona, pero nosotros sólo hicimos este paseo, de 1 hora aproximadamente.


El paseo parte del pueblo y discurre al lado del río Ebro, estando todo el camino empedrado haciéndolo accesible para todo el mundo, incluso para algún carrito de niño como vimos.



Aunque es un paseo corto los críos siempre se lo pasan bien con estas cosas; el agua está muy limpia con muchísimos patos y en algunos puntos tiene un color esmeralda precioso.



A medio camino podemos encontrar una escultura de cántabro Jesús Otero.



Al final del camino se ve el "Nacimiento del Ebro" donde el agua surge del suelo.



En el centro hay una estatua de la Virgen del Pilar sobre un pedestal que tiene labrados los escudos de las comunidades que atraviesa el río hasta su desembocadura, y es casi obligado saltar por las piedras para ponerse al lado de la Virgen y hacerse la "típica" foto.




También hay un pequeño altar hecho según pone la inscripción " Como promesa a la Virgen del Pilar del grupo cicloturista Sidenor (Reinosa) en su marcha Reinosa - Fontibre " 1990.




Desde aquí y bien por un camino o por unas escaleras llegamos de nuevo al pueblo. Nosotros calculamos mal y llegamos antes de la hora de la comida. Pero es una buena opción llevar comida y comer en alguno de los merenderos que hay en el paseo, o bien comer en el restaurante cercano, que no tenía mala pinta.



jueves, 23 de julio de 2015

Si tú quieres la luna

Este cuento empezó a escribirse en mi cabeza hace más de nueve años, cuando nació Eduardo. Cuando tienes tu primer hijo entiendes de repente todo eso que te han dicho tantas veces de que por un hijo harías cualquier cosa. Y eso era lo que yo sentía cuando nació Eduardo, que le quería tanto que si él me lo pedía, yo le bajaba la luna.

Durante todo este tiempo ha estado en mi cabeza, sin decidirse a salir. Le daba vueltas, pero nada. Y ahora gracias al empujoncito de una amiga, aquí está. Así que no puedo menos que dedicarle este cuento a ella, a Inma.



Todas las noches María se tumbaba con su hijo Manuel a mirar las estrellas. Era un momento madre e hijo que le encantaba. A Manuel le gustaba mucho buscar las estrellas más brillantes y ponerles nombres. Pero lo que más le gustaba sin duda, era La Luna. Le fascinaba ver cada noche cómo cambiaba de forma.

- Mama, ¡qué bonita es La Luna, ¿verdad? a ver como esta hoy... ¡mira! ¡allí esta! Hoy es más pequeña que ayer ¡fíjate! - le decía entusiasmado.

María miraba La Luna, pero sobre todo, miraba la cara de su hijo. Le encantaba ver el entusiasmo en sus ojillos verdes, ese brillo por descubrir cosas nuevas. Sentía adoración por él.

- Mama, ¿dónde va La Luna cuando se hace pequeña?

y de repente a María se le ocurrió algo...

- Pues..., La Luna se hace pequeña hasta poder ser tan chiquitita que pueda bajar a jugar con los niños. Sólo durante una noche, porque después tiene que volver a hacerse grande en el cielo para que el resto de niños puedan volver a verla.

- Ohhh!! mamá, ¡yo quiero jugar con ella! ¿te imaginas? ¿y que hay que hacer para que baje a jugar conmigo?

- Pues La Luna escoge a los niños más especiales, y una noche baja a jugar con ellos.

- Mamá, ¿y tu crees que algún día yo seré tan especial como para que baje a jugar conmigo?

- Yo creo que sí cariño. Tu eres un niño tan especial que seguro que La Luna está deseando jugar contigo.

Y así, noche tras noche Manuel miraba a La Luna y deseaba que bajase con él a jugar.

Y sucedió. Una coche, cuando iban a salir al jardín a buscar estrellas, allí estaba. Manuel no salía de su asombro. Era preciosa, más de lo que hubiera podido imaginar. En su jardín había una  Luna grande y blanca que brillaba sólo para él. Salió corriendo a cogerla y no paraba de reír y gritar

- ¡Mira mamá! ¡ha bajado! ¡mama! ¡La Luna ha bajado a jugar conmigo! ¡mira qué bonita es! -y mientras lo decía no paraba de reír.

Estuvo toda la noche jugando con ella. La lanzaba al aire, la cogía, la acariciaba y sobre todo, sonreía con esa sonrisa de inmensa felicidad que sólo un niño puede tener.

Cuando el cansancio le venció se quedo dormido mientras la abrazaba. Y soñó que jugaba con ella una y otra vez siendo el niño más especial del mundo por una noche.

A María le costó mucho encontrarla... estuvo meses buscando y buscando hasta que al final encontró lo que quería. Era un globo enorme que ella pinto de blanco y al que le puso una lucecita para que brillase por dentro. Por una noche, ese globo pintado de blanco hizo que su hijo se sintiese el niño más especial del mundo.




miércoles, 20 de mayo de 2015

A veces ser médico es difícil

Siendo Radióloga uno de los pocos momentos en los que tengo contacto con los pacientes es mientras les hago una ecografía. Y debo confesar que es una de las cosas que más me gustan, porque me permiten de alguna manera disfrutar de la mejor parte de la relación médico - paciente.

Sucede sin embargo, que mientras les haces una ecografía a los pacientes, éstos suelen estar preocupados por ver "que sale", y todos ellos te miran fijamente a la cara para intentar adivinar por tus gestos si el veredicto será favorable o no.

Esto es mucho más evidente cuando las ecografías son mamarias, para despistaje de cancer de mama. Las mujeres no te quitan ojo y están muy pendientes de todos tus gestos, de si haces fotos, si te paras y miras alguna zona un rato mas...

Hoy he tenido una paciente que venía a hacerse una ECO de mama por un bulto que le ha aparecido hace unos meses. Venía con su hija, una niña preciosa de 8-10 años, como cualquiera de mis polluelos.

Cuando han entrado y me ha contado lo que sucedía he pensado "Por favor, Dios mío, que todo esté bien y que no tenga que decirle nada malo con su hija al lado".

No ha podido ser. Mientras le hacía la prueba ha estado mirándome fijamente, como siempre. Y ha llegado ese momento fatídico en el que sólo yo sé lo que va a pasar. Un adjunto mío decía que en ese momento, sólo tú y Dios sabéis la verdad, y siempre le recuerdo.

Yo he mantenido mi cara imperturbable, no es fácil, pero la tengo ensayada para estas ocasiones; a veces los médicos tenemos que ser un poco actores y no dejar ver lo difícil que es a veces nuestro trabajo. Después cuando he terminado y la paciente me ha preguntado qué era lo que había visto, pidiendome que fuese sincera con ella, le he explicado la situación. El discurso también lo tengo ensayado, e intento no salirme del guión, pero es muy complicado. Se lo he explicado de la mejor manera que sé, despacito, sin mentir pero sin alarmar y con ese lenguaje figurado que tan bien dominamos los médicos para que su niña no entendiese demasiado. Ella, con todo, me ha dado las gracias por habérselo contado así.

En este trabajo, de vez en cuando, suceden cosas así. Pacientes con los que te identificas y les pasan cosas difíciles y eres tú el que tiene que decírselo. Entonces, no queda más que respirar muy hondo, tragar saliva e intentar seguir. Pero cuesta.

jueves, 12 de marzo de 2015

Mi pequeño artista

Cuando Eduardo tenía 4 ó 5 años, un día en casa de unos amigos, dibujó su primer autoretrato. Lo hizo en una cartulina enorme, que era literalmente más alta que él. A mi no me llamó mucho la atención, la verdad, porque siempre estaba dibujando cosas. Pero recuerdo la sorpresa de mis amigos, de las proporciones tan buenas que tenía, y de lo mucho que se parecía a él. Me hicieron prometer que lo guardaría para el futuro, y ahí lo tengo aún.

Con el tiempo va a resultar que es verdad que tiene una rama artística.

Estas son fotos y dibujos que ha ido haciendo con la tablet; algunas las ha retocado, otras no, y a todas les ha puesto nombre.

Ahí va, la primera exposición de mi pequeño artista. Espero que os sorprenda tanto como a mi.

Aguila

Austin Moon

Bajo el agua
Esta es una de mis favoritas, y puede resultar extraño. Es una foto de unos azulejos que ha retocado después. Me resulta fascinante es el concepto que transmite.


Como entrenar a mi dragón 2

Criper Minecraft en un callejón


El barco pirata en la oscura noche
Otra de mis favoritas sin duda. Es su barco pirata de juguete, y es sorprendente como consigue darle un toque de misterio.

El gumball de la muerte

I love you

La fuente de la vida

La sabana

Mi perrito

que carrrrilllllaaaaaaaaa

Sky Landers Giant


Tonto Pantro

Viviendo en una pared

jueves, 22 de enero de 2015

Un momento de felicidad

Estoy viviendo un momento de mucha felicidad y me apetece compartirlo, gritarlo a los cuatro vientos y recrearme en él. Casi siempre nos pasa que nos fijamos mucho en las cosas malas, las hablamos una y otra vez, y cada vez se van haciendo más y más grandes. Y sin embargo, dejamos que las cosas buenas que nos suceden pasen de puntillas por nuestra vida y no les damos su importancia justa.

Pues no quiero que me pase eso. Estoy viviendo un momento muy dulce y me apetece regodearme en él, ser plenamente consciente y sonreír sin parar.

He encontrado la varita, la que pensé que no existía. Ha llegado mi momento, mi alternativa, mi oportunidad. En unos días voy a poder trabajar en lo que más me gusta, por lo que tanto he estudiado y trabajado. Todas esas horas empleadas, muchas veces quitándoselas a las personas que más quiero incluso, y por fin, ha llegado la recompensa.

Pero la varita mágica no ha llegado sola. En estos días, ha habido tanta gente que se ha acordado de mi para ofrecerme una oportunidad, una de verdad, que no me lo puedo creer. Muchos amigos y conocidos, gente con la que he compartido muchas horas, y otros con los que sólo he compartido un rato; pero se han acordado de mi. Y no sabéis lo inmensamente feliz que me hace pensar que tanta gente ha pensado en mi para ofrecerme algo bueno. Me siento muy querida, y muy afortunada.

Ahora tengo un cangrejo enorme en el estómago y un poquito de miedo también. Pero sobre todo, lo que más tengo, son unas ganas enormes de seguir aprendiendo.

sábado, 17 de enero de 2015

El umbral de la eternidad



Y llegamos por fin a la última parte de la trilogía de Ken Follet, después de "La caida de los gigantes" y "El invierno del mundo"  con "El umbral de la eternidad"

Este libro lo cogí con muchísimas ganas, fue un capricho de un día de esos de "porque yo lo valgo" y a pesar de que lo había conseguido para leer en el e-book, me compré el libro en papel. A los que os gusta leer, seguro que me entendéis, pero el encanto que tiene el olor de un libro nuevo...

En este libro, la acción se centra en la Europa y América de después de la II Guerra Mundial, en la época de la Guerra Fría. Me ha gustado mucho intentar entender acontecimientos como la Crisis de los Misiles de Cuba algo que en la EGB estaba al final del libro de Historia y que creo que nunca llegamos a ver; todos los movimientos antirraciales que hubo en EEUU, y que parece no haber quedado tan lejos a juzgar por las noticias de los periódicos; entender porqué se levanto el muro de Berlin, y ver lo difícil que fue su caída... muchas cosas que volver a aprender y que con la excusa de este libro me han hecho rebuscar para saber un poco más.

Es verdad que no me ha gustado tanto como los dos anteriores, pero eso suele pasar. Creo que el tercer libro de una Trilogía lo tiene siempre muy complicado. Aún así, contenta con mi inversión, y me gusta mucho tener este libro en mi estantería.