sábado, 5 de enero de 2013

La princesa de pelo rizado




Me encanta mi niña. Lo digo así, tal cual, sin complejos. Se que queda mal..., pero ¿qué le voy a hacer? Lo confieso, soy una madre tonta.


Estábamos el día de Nochevieja en casa de los abuelos, y tras las campanadas empezaron a lanzar cohetes y petardos, y nos pusimos todos a mirar por la ventana. Les habíamos dicho a los niños que esa noche podían pedir un deseo al Año Nuevo. Entonces Danielilla empezó a gritar "Quiero ser una princesa de pelo rizado" una y otra vez.

A la mañana siguiente, en cuanto se levantó, vino a la cama y me dijo: "Mama, que no soy una princesa de pelo rizado" y me miraba con esos ojillos que hacen que le quiera dar cualquier cosa a mi niña. "Bueno, Daniela, es que a veces las cosas tardan en suceder, ten paciencia", le dije yo, inocente de mi y pensando que se le olvidaría. Pero que va. A la mañana siguiente vino de nuevo a mi cama, y me volvió a decir: "Mama, que sigo sin ser una princesa de lo pelo rizado". Y esta vez, ya no supe qué decirle.

Bendita inocencia. Que maravilla, acostarte una noche con la ilusión real de que, sólo por haber gritado tu deseo en una noche mágica donde se comen uvas al compás de un reloj, no te cabe ninguna duda de que serás una princesa de pelo rizado a la mañana siguiente.


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