jueves, 7 de noviembre de 2013

El pacto de silencio

A veces en la vida suceden situaciones que nos obligan a tomar una actitud. La vida nos pone entre la espada y la pared y tenemos que elegir: bueno o malo, blanco o negro, si o no, decir o callar, voy o me quedo, .. o no. A veces, se opta por el silencio en un intento por no elegir...

Ante las grandes injusticias de la vida, en un rato de charla distendida con amigos o filosofando, muchos, la mayoría, nos damos golpes de pecho y decimos a los demás y a nosotros mismos que siempre estaríamos de parte del bueno, el justo, la victima... pero ¿es verdad?

Llegados a este punto me viene a la mente una situación totalmente extrema: los alemanes judíos antes del comienzo de la II Guerra Mundial, supongo que influenciada por una de mis últimas lecturas. En esos terribles años pasaron mil pequeñas cosas injustas, mil situaciones en las que la gente tuvo que elegir... ¿estoy a favor o estoy en contra? ¿Miro o desvío la mirada? La mayoría, seguramente, optaron por el silencio, pensando que de ese modo no elegían.

Si lo pensamos, en el día a día suceden muchas pequeñas injusticias. Cosas que les suceden a los amigos, al vecino, a los compañeros de trabajo, a nosotros mismos. Cosas que nos parecen mal, que nos disgustan y nos incitan a rebelarnos a pesar de la opinión de la mayoría... pero, ¿lo hacemos? ¿nos rebelamos?

Ay!! la opinión de los demás. Alzar la voz por encima del murmullo unánime que nos protege... eso es lo realmente difícil. Ser capaz de acercarse a esa víctima y decirle a él y a los demás que estamos de su lado. Eso es lo complicado. La mayoría de las personas que conozco, la mayoría de las veces, han optado por el silencio.

Ese silencio que mata. Ese silecio que quiere decir tantas cosas que duele de sólo oirlo.

¿qué haré? ¿elevaré mi voz por encima del murmullo monótono de la mayoría o participaré del pacto de silencio en un intento egoista de engañarme a mi misma? ¿y tú? ¿qué harás tú?

2 comentarios:

  1. Ir contracorriente es agotador. Pero si abandonas y te dejas llevar, caerás irremisiblemente por la cascada del rumor y la confabulación hasta perderte en la masa, el mayor enemigo de la razón.

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  2. Seguir a la "manada" siempre es más fácil y menos arriesgado... pero ¿desde cuando el camino fácil es el adecuado? a veces tenemos que arriesgar.

    Belencita, me siento muy feliz de tener entre mis amigos a mucha gente valiente que cuando lo cree necesario no se lo piensa a la hora de ir "contracorriente". Me hace pensar que son auténticos y me siento afortunada.

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