jueves, 23 de julio de 2015

Si tú quieres la luna

Este cuento empezó a escribirse en mi cabeza hace más de nueve años, cuando nació Eduardo. Cuando tienes tu primer hijo entiendes de repente todo eso que te han dicho tantas veces de que por un hijo harías cualquier cosa. Y eso era lo que yo sentía cuando nació Eduardo, que le quería tanto que si él me lo pedía, yo le bajaba la luna.

Durante todo este tiempo ha estado en mi cabeza, sin decidirse a salir. Le daba vueltas, pero nada. Y ahora gracias al empujoncito de una amiga, aquí está. Así que no puedo menos que dedicarle este cuento a ella, a Inma.



Todas las noches María se tumbaba con su hijo Manuel a mirar las estrellas. Era un momento madre e hijo que le encantaba. A Manuel le gustaba mucho buscar las estrellas más brillantes y ponerles nombres. Pero lo que más le gustaba sin duda, era La Luna. Le fascinaba ver cada noche cómo cambiaba de forma.

- Mama, ¡qué bonita es La Luna, ¿verdad? a ver como esta hoy... ¡mira! ¡allí esta! Hoy es más pequeña que ayer ¡fíjate! - le decía entusiasmado.

María miraba La Luna, pero sobre todo, miraba la cara de su hijo. Le encantaba ver el entusiasmo en sus ojillos verdes, ese brillo por descubrir cosas nuevas. Sentía adoración por él.

- Mama, ¿dónde va La Luna cuando se hace pequeña?

y de repente a María se le ocurrió algo...

- Pues..., La Luna se hace pequeña hasta poder ser tan chiquitita que pueda bajar a jugar con los niños. Sólo durante una noche, porque después tiene que volver a hacerse grande en el cielo para que el resto de niños puedan volver a verla.

- Ohhh!! mamá, ¡yo quiero jugar con ella! ¿te imaginas? ¿y que hay que hacer para que baje a jugar conmigo?

- Pues La Luna escoge a los niños más especiales, y una noche baja a jugar con ellos.

- Mamá, ¿y tu crees que algún día yo seré tan especial como para que baje a jugar conmigo?

- Yo creo que sí cariño. Tu eres un niño tan especial que seguro que La Luna está deseando jugar contigo.

Y así, noche tras noche Manuel miraba a La Luna y deseaba que bajase con él a jugar.

Y sucedió. Una coche, cuando iban a salir al jardín a buscar estrellas, allí estaba. Manuel no salía de su asombro. Era preciosa, más de lo que hubiera podido imaginar. En su jardín había una  Luna grande y blanca que brillaba sólo para él. Salió corriendo a cogerla y no paraba de reír y gritar

- ¡Mira mamá! ¡ha bajado! ¡mama! ¡La Luna ha bajado a jugar conmigo! ¡mira qué bonita es! -y mientras lo decía no paraba de reír.

Estuvo toda la noche jugando con ella. La lanzaba al aire, la cogía, la acariciaba y sobre todo, sonreía con esa sonrisa de inmensa felicidad que sólo un niño puede tener.

Cuando el cansancio le venció se quedo dormido mientras la abrazaba. Y soñó que jugaba con ella una y otra vez siendo el niño más especial del mundo por una noche.

A María le costó mucho encontrarla... estuvo meses buscando y buscando hasta que al final encontró lo que quería. Era un globo enorme que ella pinto de blanco y al que le puso una lucecita para que brillase por dentro. Por una noche, ese globo pintado de blanco hizo que su hijo se sintiese el niño más especial del mundo.




5 comentarios:

  1. Muy bonito.

    Brillante y resplandeciente...como la Luna.

    Aquí hay madera😉

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  2. Gracias Raquel, por dedicarme este tan expresivo y maravilloso cuento. El mérito es tuyo!!!
    Has bajado tu propia luna para alguien tan especial como es Eduardo.
    De vez en cuando baja una!!!! GRACIAS.

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    1. Gracias a ti Inma, por darme el impulso que alguna vez me ha faltado.

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  3. Médico buscando la especialidad30 de septiembre de 2015, 12:59

    Hermosa historia...seguro que la recordaré más cuando sea médica y a la vez madre por primera vez.

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